lunes, 30 de marzo de 2015

Universalidad

`Si lo quisieras, habrías sido un hombre normal.
El mundo es un lugar infinitamente mejor,
precisamente porque no eres un hombre normal´.
Joan Clarke.


Días atrás, al término de una sesión de intuición, una gama de respuestas arribaron a mi mente. Todas ellas disparadas por una sola idea y cuestionamiento dentro de mi mente.
Desde el origen de los tiempos, el Hombre ha creado el concepto de Religión, como un basamento esencial dentro del pensamiento y esencia de la Humanidad.
La pregunta que se dibujaba en mi cabeza tenía que ver con la existencia de múltiples religiones, que han surgido y se han desarrollado y consolidado a lo largo de la Historia.
Si Dios existe y es único y universal, además de eterno, ¿por qué existen diversos dogmas que lo definen, que proclaman seguirlo, y muchos de ellos anulan a los demás?
Leyendo a Stephen Hawking, creí en un primer momento abordar la pregunta desde la perspectiva científica temporal. Lo que encontré fue algo mucho más radical. Comprendí por qué el concepto de Dios no tiene cabida en nuestra realidad.
Intentando evitar las malas interpretaciones, explico la idea. Dios es un concepto eterno e infinito que explica nuestra creación, circunstancias, detalles del Universo en el cual nos desenvolvemos, y demás cuestionamientos físicos y metafísicos. Su génesis a partir de nuestra imagen y semejanza, establece un natural proceso de identidad y personalización que nos lleva a reflejar en la idea que tenemos de Él, nuestra propia Naturaleza, cualidades, habilidades, emociones y pensamientos.
El resultado es una serie de dogmas religiosos que aseguran ser el único medio para llegar a la Verdad, que no es otra cosa que su propio concepto de Dios.
La Ciencia, considerada desde hace siglos como el camino alterno y opuesto a la Religión, actualmente busca las mismas respuestas que las iglesias.
Dios no puede responder a nuestra imagen e idiosincrasia limitada que le asignamos en nuestro afán de creer en Él.
Tras el final de la sesión de la que hablaba al inicio de la nota, las respuestas arribaron a mi mente. Cada uno de nosotros venimos a esta Tierra, con una gama de circunstancias personales que salvar. Nuestra interacción se realizará en medio de un grupo de personas que compartan un pensamiento o sentimiento. En ellos hallaremos la dirección a seguir en nuestras respectivas vidas. En nuestra realidad, construida a partir de nuestros pensamientos fraccionados y limitados, hallaremos en las filosofías de la Religión o de la Ciencia, los principios y parámetros con los que mediremos todo lo que nos rodea y define.
El verdadero reto será mirar en perspectiva el Universo que habitamos. Entender que sólo somos parte de un pequeño grupo de ideas y principios que explican la realidad, más no somos la Realidad misma.
Las religiones, y los derivados de la Ciencia, tenderán a confrontarse y anularse unos a otros. Si Dios es producto de nuestros pensamientos y creencias, tenderá a seguir nuestro parámetro de diversificación y estratificación. Viviremos creyendo que sólo las ideas en las que hemos nacido, crecido o aferrado a, serán las válidas, que expliquen y confirmen la existencia de Dios.
Y así es.
Sólo que Dios al igual que nosotros no es una sola persona, o no es sólo una persona.
Es todas a la vez.
Y todas son posibles, en la medida que expliquen los aspectos de la Realidad que palpemos.
¿Dios le dio el poder y la validez de la Fe y la Verdad a sólo una Religión o unas pocas?
Me niego a validar la idea.
Entonces la Luz del Amanecer no alumbraría a la Humanidad en su conjunto.
La Verdad no se encontrará fuera de nosotros, sino dentro.
Y ahí mora la idea de Dios, del Universo, de esa simple Energía creadora que es nuestro motor, lo que nos mueve y mantiene con Vida a cada momento.
Irónico es que, llevándolo dentro de nosotros, no seamos capaces de entablar un diálogo con Él.

Nuestros pensamientos, palabras y acciones forman parte de un intrincado sistema universal. Un motor gigantesco del que somos una ínfima parte.
Los conocimientos, creencias y pensamientos que nos definen y nos hacen válidos, son parte de un todo mayor, magnífico e infinito, que no podemos llegar a ver, mucho menos comprender.

Lo que piensas es cierto.
Lo que pienso lo es también.
El hecho de que anulemos el uno al otro nuestras lógicas es válido.
La anulación, y el proceso de reconstrucción que viene después, son posibles y válidos, de igual manera.
Existen también los que miran y comprenden al Universo que vivimos, y crean con su pensamiento y ser, invalidaciones en el resto de los pensamientos y estructuras, creando puentes que unen y fusionan nuestras múltiples realidades, destruyendo aquello que le da forma a lo que antes creíamos, unificándolo todo.

¿Qué no las estrellas, las constelaciones y los mismos universos se generan y anulan los unos a los otros en un proceso sin fin que no hace sino enseñarnos que en la Lógica del Caos se encuentra la Verdad que rige y prueba la validez de nuestra Existencia?

Dios no es el responsable de este proceso, si lo vemos como un ser semejante a nuestro actuar. Es más bien la Fuerza creadora que mantiene todo unido y único, a pesar del caos. Porque a pesar del caos, la Energía encuentra la manera de mantener unida a la realidad, que no es otra cosa que el reflejo de nuestra consciencia como seres inteligentes e individuales. La suma de todas las inteligencias será el concepto que buscamos de Dios, y no viceversa.
Somos el conjunto de una única Consciencia que mantiene válida y posible la Realidad que vivimos.
Pienso, luego existo.
Qué hermoso y simple principio.
Al pensar en único conjunto, existiremos.
Y al existir unidos, crearemos la única Verdad que buscamos individualmente de forma desesperada, y que irónicamente vive en el interior de cada uno de nosotros...

Imagen editada, original tomada del sitio:

viernes, 13 de marzo de 2015

Tiempo en nuestras vidas

El concepto de Tiempo



Desde el año dos mil diez, me he interesado por el concepto del Tiempo y su papel e influencia en nuestras vidas.
Para las culturas prehispánicas, el Tiempo fue un elemento existencial esencial, que definió y explicó nuestro devenir en esta Tierra. No sólo hablamos del elemento que nos permite existir, sino todo un universo que establece nuestro papel y misión en aquellas circunstancias individuales que nos rodean.
El Tiempo es también el eslabón que nos permite existir socialmente. Aunque no lo veamos de primera instancia, el Tiempo es la constante que une nuestras vidas con el resto de las personas que habitan el mismo instante que nosotros. Es el medio de comunicación universal.
Entender este concepto es complejo.
Las antiguas civilizaciones comprendieron este principio, diseñando una serie de calendarios o herramientas de medición de tiempo que les permitió explicar ciclos o periodos existenciales que abarcaron no sólo vidas de personas o pueblos, sino civilizaciones, e inclusode la Humanidad en su conjunto.
El Tiempo es el medio por el que viajan las vibraciones de la energía que poseemos, y que adquiere determinadas frecuencias. Es similar al agua en ese sentido. Dentro de ella, viaja y se propaga el sonido y la energía, hasta alcanzar los rincones más alejados u ocultos.
Siguiendo esta analogía, como seres humanos, si la energía a la que vibramos como Humanidad alcanza una frecuencia constante y dominante, el Tiempo será aquel medio que lleve esta frecuencia a todos los lugares del planeta.
Los años inmediatos posteriores al dos mil doce serían ciclos de búsqueda, de vibraciones irregulares que lentamente alcanzarían patrones universales. Es como la tormenta y la calma posterior. Tras el cierre del ciclo mayor calculado por las antiguas civilizaciones a finales del dos mil doce, una serie de eventos caóticos prevalecerían hasta la llegada del dos mil quince, año a partir del cual la energía que nos define como seres humanos comenzaría a encontrar pautas de vibración constantes y globales, lo que nos llevaría a develar un nuevo sentido como Humanidad, como ente viviente único y social.
Alcanzar el grado de Consciencia universal que nos permita comprender nuestra unión como seres humanos, a pesar de elementos divisorios como Espacio, sexo, ideología, raza, economía o creencias, es un reto altamente avanzado que tendremos que salvar paulatinamente como Humanidad.
Comprender el concepto de Tiempo, y su papel esencial en nuestras vidas, es sólo un paso dentro del camino que debemos recorrer para el entendimiento universal de mundo en el que vivimos, desde un punto de vista metafísico.

Fotografía cortesía de Rosy Flores.

domingo, 8 de marzo de 2015

El papel de nuestro Libre Albedrío

Cómo tomar buenas decisiones en nuestra Vida.


Una de las herramientas que nos han sido dadas es el Libre Albedrío, esa capacidad intransferible de tomar decisiones de manera única y personal. 
He escuchado y leído muchas veces que las buenas decisiones nos llevan a la plenitud y al verdadero propósito de nuestra existencia. La pregunta obligada se dibuja entonces... ¿Cómo tomar buenas decisiones?
Discernir entre una buena decisión y una mala decisión depende de un factor clave. Cuando venimos a esta Tierra, nosotros elegimos conscientemente la Vida, las circunstancias, la familia y los retos a los que nos enfrentaremos, situación que olvidamos al nacer y someternos al velo del plano existencial material. 
Una vez presentes en este plano de existencia, la llave para recuperar la conexión con la consciencia divina con la que predefinimos nuestra vida es hacernos responsables de nuestras acciones, es decir, hacer consciencia de nuestra responsabilidad y nuestra capacidad de crear. 
Nadie es responsable de los acontecimientos de nuestra vida más que nosotros mismos. Nuestros pensamientos, palabras y acciones son elementos que definen y dan forma, estructura y materialidad a TODO cuanto nos rodea y acontece.
Es así que hacerse consciente del poder de creación de uno mismo es el primer paso para llegar a la Inteligencia Suprema, que es a la vez el primer paso para re conectarse con el Universo y con Dios
Las buenas decisiones van -por lo tanto- en el sentido de ser conscientes de que todo lo que hago crea la realidad en la que vivo, por lo que la Ley de Causa y Efecto aplica en mi existencia de manera ineludible. 
Discernir entre una buena decisión depende por lo tanto, de ser conscientes de que cada decisión personal influye -y crea- mi realidad. La enfermedad que padezco o el acontecimiento de crisis que un día asalta mi vida no es castigo divino, es el resultado de pensamientos, palabras y acciones recurrentes y consecutivos que lastimaron a otros, lo que atrajo daño equivalente a mi persona y mi vida. 
Una buena decisión -entonces- es aquella que apoya, que ayuda, o alienta o inspira a otros, a la vez que exige de mí acciones que transformarán mi perspectiva o romperán los paradigmas que poseo con respecto a mi equipaje cultural y de valores. Abandono la idea de responsabilizar a otros, o a Dios -incluso- de mis individuales circunstancias. Mis acciones definen lo que me pasa dentro de la cotidianidad. Mi consciencia me dicta que dentro de mí, reflejo en la realidad aquello que deseo, me acontezca. 
Desarrollar mi Consciencia es hacer trizas ese esquema de egocentrismo y abrirme a la idea de que todo y todos estamos conectados en un único camino. 
El Universo no gira alrededor de las personas. Somos las personas las que, al girar, creamos el Universo que nos define

Imagen que acompaña nota tomada de la liga:

Escucho: 
Love in war / Outkast
Mary Ann / Poncho Sanchez & Ray Charles