`Si lo quisieras, habrías sido un hombre normal.
El mundo es un lugar infinitamente mejor,
precisamente porque no eres un hombre normal´.
Joan Clarke.
Días atrás, al término de una
sesión de intuición, una gama de respuestas arribaron a mi mente. Todas ellas
disparadas por una sola idea y cuestionamiento dentro de mi mente.
Desde el origen de los tiempos,
el Hombre ha creado el concepto de Religión,
como un basamento esencial dentro del pensamiento y esencia de la Humanidad.
La pregunta que se dibujaba en mi
cabeza tenía que ver con la existencia de múltiples religiones, que han surgido
y se han desarrollado y consolidado a lo largo de la Historia.
Si Dios existe y es único y universal, además de eterno, ¿por qué
existen diversos dogmas que lo
definen, que proclaman seguirlo, y muchos de ellos anulan a los demás?
Leyendo a Stephen Hawking, creí en un primer momento abordar la pregunta
desde la perspectiva científica temporal.
Lo que encontré fue algo mucho más radical. Comprendí
por qué el concepto de Dios no tiene cabida en nuestra realidad.
Intentando evitar las malas interpretaciones,
explico la idea. Dios es un concepto eterno e infinito que explica nuestra
creación, circunstancias, detalles del Universo en el cual nos desenvolvemos, y
demás cuestionamientos físicos y metafísicos. Su génesis a partir de nuestra imagen y semejanza, establece un natural
proceso de identidad y personalización que nos lleva a reflejar
en la idea que tenemos de Él, nuestra propia Naturaleza, cualidades,
habilidades, emociones y pensamientos.
El resultado es una serie de
dogmas religiosos que aseguran ser el único medio para llegar a la Verdad, que
no es otra cosa que su propio concepto de Dios.
La Ciencia, considerada desde
hace siglos como el camino alterno y opuesto a la Religión, actualmente busca
las mismas respuestas que las iglesias.
Dios no puede responder a nuestra
imagen e idiosincrasia limitada que le asignamos en nuestro afán de creer en
Él.
Tras el final de la sesión de la
que hablaba al inicio de la nota, las respuestas arribaron a mi mente. Cada uno
de nosotros venimos a esta Tierra, con una gama de circunstancias personales
que salvar. Nuestra interacción se realizará en medio de un grupo de personas
que compartan un pensamiento o sentimiento. En ellos hallaremos la dirección a
seguir en nuestras respectivas vidas. En nuestra realidad, construida a partir de
nuestros pensamientos fraccionados y limitados, hallaremos en las filosofías de
la Religión o de la Ciencia, los principios y parámetros con los que mediremos todo
lo que nos rodea y define.
El verdadero reto será mirar en
perspectiva el Universo que habitamos. Entender que sólo somos parte de un
pequeño grupo de ideas y principios que explican la realidad, más no somos la Realidad
misma.
Las religiones, y los derivados
de la Ciencia, tenderán a confrontarse y anularse unos a otros. Si Dios es
producto de nuestros pensamientos y creencias, tenderá a seguir nuestro
parámetro de diversificación y estratificación. Viviremos creyendo que sólo las
ideas en las que hemos nacido, crecido o aferrado a, serán las válidas, que
expliquen y confirmen la existencia de Dios.
Y así es.
Sólo que Dios –al igual que nosotros– no es una sola persona, o no es sólo
una persona.
Es todas a la vez.
Y todas son posibles, en la medida
que expliquen los aspectos de la Realidad que palpemos.
¿Dios le dio el poder y la
validez de la Fe y la Verdad a sólo una Religión o unas pocas?
Me niego a validar la idea.
Entonces la Luz del Amanecer no
alumbraría a la Humanidad en su conjunto.
La Verdad no se encontrará fuera
de nosotros, sino dentro.
Y ahí mora la idea de Dios, del
Universo, de esa simple Energía creadora que es nuestro motor, lo que nos mueve
y mantiene con Vida a cada momento.
Irónico es que, llevándolo dentro
de nosotros, no seamos capaces de entablar un diálogo con Él.
Nuestros pensamientos, palabras y
acciones forman parte de un intrincado sistema universal. Un motor gigantesco
del que somos una ínfima parte.
Los conocimientos, creencias y
pensamientos que nos definen y nos hacen válidos, son parte de un todo mayor,
magnífico e infinito, que no podemos llegar a ver, mucho menos comprender.
Lo que piensas es cierto.
Lo que pienso lo es también.
El hecho de que anulemos el uno
al otro nuestras lógicas es válido.
La anulación, y el proceso de
reconstrucción que viene después, son posibles y válidos, de igual manera.
Existen también los que miran y
comprenden al Universo que vivimos, y crean con su pensamiento y ser, invalidaciones
en el resto de los pensamientos y estructuras, creando puentes que unen y
fusionan nuestras múltiples realidades, destruyendo aquello que le da forma a lo que
antes creíamos, unificándolo todo.
¿Qué no las estrellas, las constelaciones y los mismos universos se
generan y anulan los unos a los otros en un proceso sin fin que no hace sino
enseñarnos que en la Lógica del Caos se encuentra la Verdad que rige y prueba
la validez de nuestra Existencia?
Dios no es el responsable de este proceso, si lo vemos como un ser semejante a nuestro actuar. Es más bien la Fuerza creadora que mantiene todo unido y único, a pesar del caos. Porque a pesar del caos, la Energía encuentra la manera de mantener unida a la realidad, que no es otra cosa que el reflejo de nuestra consciencia como seres inteligentes e individuales. La suma de todas las inteligencias será el concepto que buscamos de Dios, y no viceversa.
Somos el conjunto de una única Consciencia que mantiene válida y posible la Realidad que vivimos.
Pienso, luego existo.
Qué hermoso y simple principio.
Al pensar en único conjunto, existiremos.
Y al existir unidos, crearemos la única Verdad que buscamos individualmente de forma desesperada, y que –irónicamente– vive en el interior de cada uno de nosotros...
Dios no es el responsable de este proceso, si lo vemos como un ser semejante a nuestro actuar. Es más bien la Fuerza creadora que mantiene todo unido y único, a pesar del caos. Porque a pesar del caos, la Energía encuentra la manera de mantener unida a la realidad, que no es otra cosa que el reflejo de nuestra consciencia como seres inteligentes e individuales. La suma de todas las inteligencias será el concepto que buscamos de Dios, y no viceversa.
Somos el conjunto de una única Consciencia que mantiene válida y posible la Realidad que vivimos.
Pienso, luego existo.
Qué hermoso y simple principio.
Al pensar en único conjunto, existiremos.
Y al existir unidos, crearemos la única Verdad que buscamos individualmente de forma desesperada, y que –irónicamente– vive en el interior de cada uno de nosotros...
Imagen editada, original tomada del sitio:
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